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Viviana Troya concibió Dibujando espacios como una nave arcaica que circula por el cielo infinito, reflejando su imagen mágicamente en las nubes que simulan ser aguas quietas. Pedro Roth optó por el detalle aislado del conjunto, por la vista di sotto in su (de abajo hacia arriba) aislando una parte para ensayar con los reflejos del firmamento. Clarisa Suzsan descompuso la imagen de la escultura en una cantidad variable de imágenes parciales que fueron ordenadas simétricamente a partir de un centro, como si escapara de los imprecisos movimientos de la escultura para fijarlos en sus composiciones estáticas y ordenadas. La fortaleza del metal fue disuelta por Matías Roth que optó por suavizar la rigidez de la escultura por acción de un efecto digital; así, la dureza del metal se transmutó en suavidad de algodón. Dante Avalle emplazó la escultura en el centro de tu obra y transformó el entorno urbano, edificios, avenidas, casas y alumbrado en un dibujo blanco y negro que contrasta con el cielo anaranjado y verde; de este modo consigue una gama de texturas que va desde el pasto fotografiado, el monumento metálico, el dibujo urbano y los colores modulados. En Claro de Luna, la escultura adquiere dimensiones de explorador espacial y el único satélite de la Tierra parece estar más cerca que nunca. La cámara de Maximiliano Ledesma depuró el entorno de la escultura y mediante un proceso digital acentuó los colores del pasto, de la acera y del cordón, como así también del mar. La obra luce más metálica que nunca y los dos ejes se interceptan en cruz, uno de ellos apuntando a lo alto. En otra fotografía, Alta en el cielo, el artista imprime en los reflejos de la escultura los colores de la bandera nacional, como una forma de transmutar el duro metal en una tela que ondea al viento. Diego Medina optó por el misterio de la noche, por un contraste violento entre la cerrazón del cielo y el plateado lunar de la escultura obtenido con una exposición larga. El leve movimiento de la brisa nocturna también es captado por la cámara cuando impacta sobre el metal y mueve suavemente los brazos de la obra. Isabel Menéndez acentúa las curvas de la escultura mediante un lente especial, las aletas que pivotan sobre el eje parecen mirarse el ombligo y el horizonte se curva a la par de las edificaciones circundantes. En otra foto, Isabel agrega una simpática figura de Don Quijote de la Mancha que parece haber encontrado un peculiar molino de viento, las aspas de la escultura de Pájaro Gómez. Como un visionario, Sergio Montenegro, intuye el futuro de Pioneros, se convertirá en un icono urbano, como los lobos marinos de Mar del Plata, como el Obelisco de Buenos Aires, y seguramente las tarjetas postales tomarán la escultura monumental como motivo central. En otra fotografía, Fin de temporada, Montenegro presenta una visión casi apocalíptica, una vez finalizado el verano, el paisaje de Pinamar se vuelve tormentoso y oscuro, y los carritos de venta ambulante quedan abandonados a merced del viento y la oxidación junto a Pioneros que luce cansada y cabizbaja. A la manera de los futuristas italianos, Graciela Guzmán trata de captar la esencia del movimiento mediante la repetición de las formas, y la pasión por las formas industriales.
A partir de un disparador común, Dibujando espacios, todos los fotógrafos supieron encontrar caminos diferentes para demostrar que la fotografía es algo más que un medio de mera documentación y que puede convertirse en un vehículo de creatividad tan poderoso como la escultura que retrata.
Julio Sánchez
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